Archivo de la categoría: Historias

Cortos I: No es el destino, es el viaje

“No es el destino, es el viaje”, solo una más de las frases trilladas que lee Pamela en una de las miles de aplicaciones que tiene en Facebook. Son las dos de la mañana, pero no puede dormir, simplemente no acepta que la vida pueda simplemente encoger los hombros luego de ver derrumbado todo a su alrededor.

Pero me estoy adelantando demasiado a los hechos, disculpá mis modales, me llamo Narrador, y voy a tratar de contarte esta historia de modo tan objetivo como me sea posible. Esto me cuesta bastante, ya que esta serie de eventos me afecta personalmente, así que probablemente tengas que soportar unos largos discursos míos de tanto en tanto.

Pamela Rodríguez tiene 27 años, y en la escena anterior estaba en un café sin tener la más pálida idea de qué hacer con su vida, las cosas eran bastante diferentes solo unas horas atrás y todavía no entiende muy bien cómo llegó a la situación en la que se encuentra ahora mismo.

Esta mañana, a las ocho y cuarto, para ser exactos, recibió en su trabajo una nota legal, estaba bastante ocupada atendiendo las llamadas así que decidió que la iba a leer después. De todos modos, el membrete leía: “Baez-Nayar y Asociados”, el buffet de abogados con el que solía trabajar su marido.

Este es el primer corto de una serie de ejercicios de escritura que estoy haciendo, se supone que en algún momento esto tenga pie y cabeza, pero por ahora van a tener que contentarse con leer retazos de alrededor de 200 palabras. Sus comentarios son, como siempre, apreciados.

Foto por: Karanvir Singh Sangha

Anuncios

Carta a un amor perdido

Esta tarde corté con Gloria. Sí, la misma a la que había cambiado por vos.

Qué difícil se vuelve encontrar a la persona correcta cuando ya la encontraste. Qué difícil es escribirte cartas que nunca vas a leer, qué triste es saber que nunca te las voy a entregar. Qué triste es no tener el valor suficiente para decirte lo que siento.

Creo que ya sé por qué no te lo puedo decir, por qué me cuesta tanto ser sincero contigo. Y es porque estoy seguro de que la única respuesta que voy a encontrar va a ser un silencio incómodo, seguido de un par de palabras compasivas antes de verte salir.

Y es que es menos doloroso aferrarse a una ilusión que caer al precipicio de la realidad. Es más sencillo soñar con un quizá, que despertar con un no.

Foto por: wishwaant


No hay luz al final del tunel

Las nubes han cubierto completamente el sol. Son las seis de la tarde en este atípico día de verano que se siente como otoño. El viento revuelve las copas de los árboles y se empiezan a escuchar los primeros truenos que presagian la tormenta que se avecina. Mi vida aparece frente a mis ojos como diapositivas que recuerdan el sufrimiento por el que he pasado.

Las metas que no he logrado, los lugares que no he visitado, las relaciones que no han funcionado, los trabajos en los que he fracasado.Todo puede acabar en este momento.

Trato de evocar recuerdos gratos, momentos felices que pudiesen opacar la depresión, no los hay. No hay final feliz, no hay una luz al final del tunel, solo más oscuridad, solo más tristeza, solo más dolor. Arriba solo hay nubes y abajo solo agua. Miro de nuevo hacia abajo, trato de ganar coraje.

Ya es de noche y todavía miro hacia abajo, la lluvia ha empezado hace ya un tiempo y vuelvo a casa empapado, aunque a tiempo para contar la historia en un blog.


Romeo y Julieta

Julieta saluda a sus amigas y se sienta a la mesa a conversar, se la nota callada, mantiene constantemente la mirada fija a lo lejos,  como si encontrara en las paredes el horizonte.

Julieta tiene ya treinta y dos años, está casada con Pedro, un político joven y exitoso. Pedro la ama y la cuida como a una joya preciada. La semana pasada cumplieron 10 años de casados y él la llevó al restorán más romántico de la ciudad. Con él tiene 2 hijos y una bebé que nació hace casi un año. Parece tener todo lo que siempre soñó.

Se sirve un poco de té, conversa un poco con sus amigas y les resume los últimos detalles de la fiesta que está organizando para  la beba, que cumple un año en dos semanas. Todas parecen tener como meta recordarle con sus comentarios lo afortunada que es, pero la idea solo le dura unos minutos.

Al rato vuelve a ensimismarse y se percibe en su rostro cierto aire de melancolía. Pronto recibe una llamada. Es Pedro, que la está esperando afuera para volver a casa. Se despide de todas con una sonrisa y se dirige al auto donde la está esperando su marido con los niños.

Julieta está en la acera y la puerta del auto está abierta. No entra, sólo se queda parada imaginando una realidad alternativa. Está pensando en Romeo, no sabe nada de él desde hace 15 años, cuando decidieron que lo mejor era separarse para complacer a sus padres. Se imagina con él, quizá en una casa más rústica en el campo. De pronto ya no está en la acera frente al auto, está la casita rústica despertando al lado del hombre a quien siempre amó. Una lágrima corre por su rostro, no está triste, pero una sonrisa no alcanza para describir la felicidad que siente en ese momento.

Siente un tirón el vestido y mira a los ojos de Lucas, su hijo mayor, Lo abraza y sube al auto, besa a Pedro y juntos se dirigen a su casa en la ciudad, hablando de la fiesta de la beba, que cumple un año en dos semanas.


Ambrosía de Metal

La noche está tranquila, en el cielo la mitad de la luna está tapada por nubes y la otra está libre, como esperando que la admiren. La compañía es buena y la película estuvo excelente… A pesar de que en el cielo el paisaje es insuperable, acá abajo no todo parece tan amistoso. No hay luces alrededor y el pulóver parece no bastar para contrarrestar el frío viento sur. Las calles se vuelven más oscuras ya no hay nadie alrededor.

-Traeme el teléfono- La nuca se congela al hacer contacto con el metal y en ese momento el mundo parece girar en cámara lenta. -¿No escuchaste, imbécil? La puta, tu teléfono te dije- La voz se va haciendo más clara, más cercana, más real. Es muy difícil procesar información cuando la punta del cañón está tan cerca.

-No te voy a dar nada…- No lo pensó, tuvo que ser una reacción cuasi-involuntaria. Sentí el dolor antes de escuchar el sonido de la semiautomática. No respondió, no dijo nada, no buscó nada. Se paró y, sin ningún apuro, siguió su camino. Traté de levantar la cabeza, para encontrar quizá la cara escondida detrás de esa voz neutra e inexpresiva, pero no alcancé a ver nada.

Desperté dos horas después en una cama de hospital, la bala no dañó mucho. Del incidente, aparte de la herida, solo quedaba la curiosidad que me despertaba el saber cómo se siente uno al tener en sus manos la vida del prójimo, al ser capaz de decidir sobre el destino de un mortal que, en ese momento, no es más que un ser inferior al que uno puede aplastar con un esfuerzo mínimo. Terminé convencido de que lo que motiva a un hombre a disparar a un par no es el hambre, no es la necesidad, no es el dinero ni las diferencias políticas. Lo motiva el placer de ser dios, aunque sea por unos segundos.

—————-
Now playing: Indio Solari – Te estas quedando sin balas de plata
posted with FoxyTunes


A %d blogueros les gusta esto: